Terminaba la secundaria cuando di con este libro en un derruido deposito donde los vendían a centavos cada uno.

Teniendo apenas 18 años fue el primer libro que leí porque quise, no fue una asignación del colegio de obligada lectura donde en la mayoría de los casos ojeaba el resumen y rogaba que las preguntas de la prueba estuvieran alineadas con el escueto contenido que poco a nada aportaba a mi conocimiento.

Dentro del pequeño, oscuro y polvoriento local, custodiado por un señor de mediana edad, sentado en un taburete, daba cuenta de lo que los transeúntes adquirieran colocando el pago en un plato de metal lleno de monedas.

El depósito consistía en una recepción de no mas de tres metros de ancho por seis metros de fondo, con un sótano aun mas pequeño de seis metros por seis metros incluyendo un baño.

Había literalmente montañas de libros, que semanas antes con seguridad estuvieron prolijamente ordenadas, después del descuidado escrutinio de quienes con curiosidad pasaron por el local, solo quedaban altas pilas de material de lectura variado, desde los clásicos pasando por revistas de contenido variado, hasta una generosa cantidad de revistas para adultos que eran las mas costosas y extrañamente las de mayor dificultad para hallar por encontrarse al fondo del sótano.

Me introduje con mi mejor amigo y mas por curiosidad que otra cosa empiece a navegar por las montañas de material impreso, no entrare en detalle de cuantas revistas para adultos ojee en mi travesía, pero de entre otros libros di con uno en especial, me extraño al inicio su extraño nombre “compre júpiter”, impreso en la portada con grandes letras el titulo de este, así como el nombre del autor, Isaac Asimov, poco sabia yo de la literatura de ciencia ficción aunque el tema siempre me resulto interesante y menos sabía que tenía en mis manos una compilación de cuentos de uno de los mejores escritores del género del siglo XX.

No me acuerdo cuanto pague por el libro, pero estoy seguro que fue menos de cinco centavos, así de baratos estaban, para mi escurrida economía era un alivio saber que no tenia que romper el chancho para adquirirlos, no fue el único libro que compre, adquirí otros de escritores variados que se convirtieron en la fundación de mi incipiente afición por la ciencia ficción.

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